¡Ah!, qué tiempos aquellos en que uno iba al Azteca a ver espectáculo, ver garra, amor a los colores. Hoy, para los americanistas esto se ha convertido en una aventura más peligrosa que la de Irak en tiempos de Hussein. Va uno con la certeza de salir desplumado, humillado pero, sobre todo, amargado de ver el triste presente que vive nuestro equipo. Qué razón tenía mi abuelita cuando me decía “todo tiempo pasado fue mejor” mijito. ¿Dónde quedaron los desbordes de Brailosky, la contundencia de Reinoso, la sangre caliente de Tena? El remedo de equipo que tenemos, con dos excepciones, parece una patrulla de mercenarios que no saben, ni por asomo, lo que es amar a una camiseta ni guardarle el mínimo respeto a la afición que pierde sus mejores energías en verlos vagar por la cancha.
Le pregunto a los señores Bauer y De Luisa si acaso no se dan cuenta cómo les toman el pelo vividores como el “Pelado” Díaz que todavía se atreve a declarar que él no se acercó a River ” a mí me buscan los equipos, yo no los busco”. Así se las gasta el gran cínico. ¿Se imaginará que el “gran” papel que hace en el América lo hace ser codiciado por otros equipos? Ha de pensar que Felipao o Mourinho se mueren de miedo de que les vaya a quitar la chamba.
No estoy para decir qué tienen que hacer o dejar de hacer los hombres de la directiva, yo lo único que pido es garra en la cancha, son amígdalas, es vergüenza deportiva y, sobre todas las cosas, recuperar el espíritu que, algún día, tuvo este gran equipo. Urge un exorcismo que expulse, para siempre, a todos esos mercenarios del balón que tanto daño le hacen al conjunto más grande de nuestro país. ¡Que vuelvan aquellos años felices!
Por: Santiago Fuenteoscura


Monterrey 2:3 América
América 1:0 Necaxa

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