Después de mucho tiempo de no asistir al estadio, por razones que ustedes ya conocen, hoy decidí que sería un buen día para entrar al Azteca con la cara bien en alto y la esperanza a flor de piel. Un duelo con Pumas pega en el orgullo Águila, por diversas circunstancias, las barras, el choque de ideologías y el constante deseo de ser el más grande del Distrito Federal.
Pesé a salir dos horas antes del inicio del partido, Tlalpan era un suplicio…Camiones, carros, gente en bici, todos querían llegar al Azteca. El calor era más que insoportable, pero parecía que todo valdría la pena; un presentimiento me decía que la victoria sería nuestra.
Después de más de hora y media en el insoportable tráfico que genera un partido América-Pumas al fin llegué al estadio. Los Universitarios no dejaban de aturdirme con su tradicional Goya!, para mi mala suerte una niña de no más de cinco años pateaba mi asiento constantemente, una hiperactiva Puma no dejaba de pararse y un extranjero con pésimo acento gritaba, a escasos milímetros de mi oído, -Pendejos Americanistas-. Parecía que mi presentimiento no había sido más que eso, un presentimiento…Todo pintaba mal antes del silbatazo inicial.
Lo que tanto esperaba al fin comenzó, los primeros veinte minutos eran un infame aburrimiento. Con coraje y ganas de saltar a la cancha y decirle sus verdades a aquellos azulcremas, que últimamente no han hecho más que decepcionarme, no me quedaba otra más que gritar. De Pinho y su escasa fuerza en las piernas causaron mi primer coraje, vinculado directamente al partido, porque los entes externos ya habían hecho de mi bilis su aliada.
Las oportunidades fueron diversas, pero De Pinho y Cabañas no daban una… Mi léxico, en ese momento, se reducía a dos frases: -Cabañas eres un pen%&?!¿- y -No ma&%!? De Pinho- Y es que , siendo honestos, hasta yo pude haber metido un gol con esas valiosas oportunidades.
El medio tiempo se acercaba y el marcador seguía en ceros. El hecho de que América fuera el mejor los primeros 45 minutos me alentaba y con certeza me decía a mi misma ” Seguro en el segundo tiempo anotan”.
La segunda parte del cotejo dio inicio. Para mi poca suerte los Pumas lograron poner mi corazón pendiendo de un hilo. Ya nada puede hacer esto peor, pensaba. Aunque la realidad fue otra, Esqueda entró a la cancha y mi infortunio no paraba. Beausejour fue una piedra sobre el terreno de juego aunque por suerte, a escasos minutos de que acabara el partido, estuvo a nada de conceder que mi presentimiento se volviera realidad, pero eso no pasó. Los noventa minutos ya eran historia. Resignada tome mis cosas y le dije a mi novio- Al menos no perdimos- Por cuestiones de seguridad tuve que prescindir de mi playera amarilla. Ya había sido un día muy malo como para que de pilón, los de la barra Universitaria hicieran de mi su blanco perfecto.