Los tiempos que discurren provocan que continuamente se olviden los más básicos valores humanos para centrarnos únicamente en la capacidad profesional. Hay quienes no toman en cuenta si se está trabajando con personas leales, sensibles, honestas, sino en lo que realizan en el día a día en términos prácticos. Sin embargo, estoy convencido que el grueso de la afición americanista, e incluso una directiva a la que le he percibido un tacto ejemplar para manejarse en situaciones tan complicadas como el caso de Carlos Sánchez, están sumamente avergonzadas por la forma con que se conduce Ramón Díaz, quien en menos de quince días olvidó su compromiso con las Águilas para irse a ofrecer a Argentina y, como si no fuera suficiente, acaba de engañar a un jugador diciéndole que entra en planes, mientras se mantiene insistente con su directiva para que le consigan a otro delantero.
Por este simple hecho que francamente ya terminó por molestarme, me asalta una sensación de ambivalencia respecto al futuro de las Águilas. Considero que el equipo está bien armado y que tiene muchas posibilidades de conseguir resultados importantes en el primer semestre del año. Nada deseo más que un título. En lo personal, preferiría que fuera en la Libertadores. Pero no olvido el otro lado de la moneda, en el que me encuentro a un técnico que no ha respetado a la institución, que jugó con un futbolista sin remordimiento alguno y que, gane títulos o no con nuestro equipo, terminará yéndose a River con millones de dólares en los bolsillos y con nulo compromiso hacia el futbol mexicano.
El error cometido por el grupo del medio futbolístico, incluyéndome, fue haber apoyado la contratación de un estratega que solía condicionar su llegada al hecho de que sus dos hijos también fueran contratados, no importando su escasa calidad ni el hecho de perder credibilidad ante sus dirigidos. Dicen que hierba mala nunca muere, y en el caso del “Pelado” me parece que no sólo se mantendrá viva, sino que continuará tan desleal como lo ha sido a lo largo de su faceta como director técnico.
Yo me pregunto si podemos confiar en la honestidad de Ramón Díaz después de los tres hechos mencionados líneas arriba. ¿Es él un hombre con la imagen y credibilidad suficiente para dirigir el timón del conjunto emplumado? Mi respuesta es no, y pase lo que pase, apoyaré al América por sus jugadores, por sus aficionados, por su grandeza, mas no por un timonel que olvida el valor de sus palabras como el peor de los políticos. ..